lunes, 27 de septiembre de 2010

Carta a favor de la Huelga General


Me dirijo a ti que no tienes decidido que hacer el próximo 29 de septiembre. Soy un trabajador de 40 años que trabaja en el Departamento Comercial de una mediana empresa de productos químicos en Barcelona. A lo mejor coincidimos en que ambos somos padres de familia (ojalá así sea porque es lo mejor que me ha pasado en mi vida) y ambos tenemos hipotecas (lo más probable) que en mi caso es de unos 180000 euros aproximadamente. Mi compañera trabaja, a lo mejor no coincidimos en eso, y entre ambos tenemos ingresos suficientes para ir tirando y hacer algún ahorrillo. En caso seas comercial como yo, sabrás que las comisiones son el 70 % del salario neto que entra en casa pues lo demás son gastos de coche, dietas, gasolinas y demás. Y aunque no seas comercial, sabrás que 2010 no está siendo el mejor año. A lo mejor coincidimos en todos estos datos, pero no coincidimos en nuestra actitud frente la convocatoria de Huelga general del próximo miércoles. Solamente decirte que yo me uniré a la jornada de paro laboral. Y lo haré convencido de que ya está bien de querer solucionar las cosas perjudicando a los mismos de siempre: los trabajadores.
Seré el único trabajador que acudiré a la jornada de huelga de toda la compañía y esa situación me ha generado tensiones y presiones ante las cuales no pienso amedrentarme.
Informé a mis compañeros/as de mi intención y de la importancia de esta huelga por “dignidad de clase” y, como en otras ocasiones, nadie se ha sumado. No los critico pues cada uno conoce su situación y os aseguro que la mía no es especial, ni segura, ni nada de nada. Pero ya se sabe; individualizados, desorientados y escépticos los trabajadores son más fáciles de manejar.
Participaré de mi derecho a la huelga de manera libre y consciente de que puedo salir perdiendo mucho más de lo que gano: pero así siempre han sido las cosas para los trabajadores, mejoramos nuestras condiciones de vida porque muchos se lo jugaron el todo por el todo y a ellos y ellas se lo debo. Oigo que sería más inteligente no hacer nada y permanecer impasible ante el mundo que nos ha tocado vivir. Pienso que si la inteligencia significa miedo e indiferencia ante la injusticia y la desigualdad nunca nadie habría decidido inventar una vacuna para ayudar a sus semejantes, ni se habría escrito libros en defensa de la dignidad del ser humano. Estoy convencido que confundir la inteligencia con la cobardía y la inacción es solamente un mensaje de quienes ya se encuentran bien en la situación que tenemos. La inteligencia se manifiesta en la transformación e interpretación que del entorno hace cada ser individual.
Volveré a escribirte cuando todo esto pase. Tal vez como desempleado, a quien le aplican una reforma del despido que fue incapaz de parar. ¡Vete tú a saber qué!
Pero de una cosa si que estoy seguro. Seguiré en pié con el puño alzado. Seguiré rebelde hasta que las cosas cambien en la dirección que considero correcta. Seguiré trabajando para que el mundo cambie a lo que yo entiendo por mejor. Y como colofón, iré a votar cuando toque y no votaré a quienes promulgan reformas contra los trabajadores y no se atreven con los poderosos, ni a quienes aplauden una reforma que ni ellos mismos se atrevieron a hacer aún estando completamente de acuerdo, ni de quienes apoyan interesadamente esta reforma, ni tampoco opciones simplistas y populistas que no analizan ni enfocan con acierto mis problemas. Votaré, y no lo haré en blanco, eso también te lo aseguro.

Un trabajador que ha dicho: ¡Basta!

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